domingo 1 de noviembre de 2009

ELLOS

ELLOS

Jéssica


Eran ellos. Durante 16 años había oído las leyendas (“historias de viejos”, como las llamaba mi tío) de mi abuela y ahora los tenía delante, con sus ojos huecos y fríos (helaban la sangre y todo lo que se les pusiera delante, joder, ¡incluso volcanes!). Ellos eran así, tan distantes y severos. Durante tantas y tantas noches, sentado al lado de la cocina de hierro que nos calentaba en las noches de invierno, oía las historias de mi abuela como si fueran cuentos de hadas, cosas que nadie cree. Porque son eso: historias de viejos.
De repente tuve mucho frío, noté cómo se partían mis labios y se congelaba mi piel (hasta pude notarla más blanca) y la niebla me arrebató toda la vista que tenía hasta entonces. Ya no los veía, ya no contemplaba sus miradas huecas. Pero sabía que eran ellos y que estaban ahí, esperando. ¿Esperando? Sí, quizá... Esperando al momento oportuno, al instante en que pudieran hechizarme para siempre. De pronto me sentí estúpido por no haber creído en lo que decía mi abuela.

Escuché un susurro, apenas audible, algo que se metió en mis oídos con mucha suavidad. Una sensación horrible y seca recorrió cada parte de mi cuerpo y de mi alma. Tenía miedo, miedo de verdad, MIEDO con mayúsculas. Logré acostumbrar mis ojos a la niebla e intenté moverme para buscar sus ojos, pero ellos sólo esperaban, pacientes, sigilosos, en silencio.

“Tienen cavernas, no ojos. ¡Tienen auténticas cavernas con bichos dentro!”, resonaban en mi cabeza las palabras de la abuela, claras y temerosas, llenas de realismo. Pero yo ya no veía sus ojos, era como si ya no los tuvieran, como si los hubieran escondido. “Cuando te miran con esos ojos, cuenta la gente que pasa una ráfaga de niebla, salida de la nada, y empiezas a tener frío, un frío que cala los huesos y te paraliza todo el cuerpo”.

También podía escuchar cómo bromeaba mi padre acerca de las palabras increíbles de mi abuela, llamándola inocente y diciendo que esas cosas eran las que se contaban en los bares a altas horas de la noche y con bastante alcohol en el cuerpo. Sí, eran historias de viejos. Yo era un niño, un inocente niño que escuchaba atento las cosas que decía la abuela. Hacía años que había dejado de creerla, porque los adolescentes no creen en esas cosas, son cosas de viejos locos, de viejos borrachos.

Por fin se fue la niebla y pude volver a verlos, allí parados, sin ojos (o por lo menos es lo que me parecía), sonriendo. Eran sonrisas de terror, de auténtico terror. Me recordaban al payaso It (¡cómo grité yo con esa película cuando tenía doce años!), pero sin maquillaje y sin peluca. Parecían fantasmas, su piel transparentaba en la oscuridad y no estaba seguro de que tuvieran huesos. Eran ellos, ¿pero qué eran?. “Nadie sabe lo que son, ni de donde salen, pero mucha gente los ha visto, no miento”, fueron las últimas palabras de la abuela. “No mientes, abuela, ya lo sé.

Joder, ¡claro que no mientes, si los tengo delante de mis narices!”. Había algo que ella no me había contado, algo que quizá no sabía: la sangre. Tenían sangre. Sangre roja y vibrante que brotaba de sus labios, como por arte de magia. No tenían llagas ni heridas en la boca, pero aquello era sangre, estaba viva y brillaba a la luz de la Luna. Uno de ellos se pasó la lengua por los labios y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, de arriba abajo, sacudiéndome por completo. Vi su cara cuando la lengua volvió dentro de la boca y supe que la estaba saboreando, lenta y suavemente. Saboreaba la sangre y le salía mucha más por las comisuras de la boca.

El reloj de la Catedral dio las doce, como en las películas de miedo. Intenté correr, escapar, olvidar todo aquello y olvidarles a ellos, pero no sirvió de nada. Era demasiado tarde. Intenté gritar, suplicarles, “Sólo soy un chico de 16 años, dejadme en paz”, pero las palabras se paralizaron antes de que llegara a pronunciarlas. Después hubo un momento de vacío, en el que no noté nada; ni dolor, ni miedo, ni frío.

El mundo dio un vuelco y se volvió gris y negro, árido y triste. Ibamos en grupo y salíamos una vez al año, con nuestros ojos huecos y fríos. Éramos invisibles para casi todo el mundo. Pero cuando alguien nos veía, recordaba aquella vez en que me di cuenta de que eran ellos.

Encontré este horrible testimonio enterrado entre los libros viejos de la casa, pero no tenía fecha ni firma. Me había criado sin saber apenas nada sobre las leyendas que rondaban en torno a cosas como esta, y quise averiguar de qué se trataba. Los únicos que lo sabían eran las personas mayores, aquellos a los que muchas veces la gente de hoy olvida en asilos o en pueblos aislados con sus “historias de viejos”. Me contaron cosas espeluznantes, y poco a poco fui descubriendo quiénes eran “ellos”.

En la actualidad la mayoría de los gallegos ha oído hablar alguna vez de la “Santa Compaña”. Son almas que salen una vez al año, en Semana Santa, con el traje típico (el sombrero de cuerno ese tan grande, ja ja ja)y son invisibles para los demás. Pero los que logran verlos están condenados a vagar con ellos portando la cruz, como una especie de castigo (o de juramento, como se le quiera llamar). Visto así suena frío y poco creíble, pero yo llegué a creerme lo que decía este chico. No sé si te lo creerás tú, te lo mando con todas mis esperanzas. Un abrazo de tu periodista madrileña favorita. Rita.



EL TEJADO

EL TEJADO



DESDE LA PERSPECTIVA DE UN GATO


Juan Carlos Vásquez Flores



A temprana edad me trajeron aquí, un hogar de clase media, unos esposos muy arraigados a las tradiciones. Sus traviesos dos niños me halaban la cola y me bañaban con agua fría.
Me pusieron el nombre de Alfonso y me tiraron al patio con un perro que me odiaba. La comida nunca me faltó, aunque mi plato más apetecible eran las iguanas que caminaban por los árboles frutales.

Como pude crecí, entre peleas callejeras y contratiempos, con un ojo infectado producto de un ataque de uñas.

Desde el tejado veía la vida, escenas extrañas. Desde el tejado veía la vida, escenas extrañas. El hijo del dueño incursionando con alguna mujer al cuarto. La fascinación de la señora de deambular desnuda por la casa, todo ello para posarse frente al espejo y actuar como si caminase, con pericia, sobre una pasarela.

Del cuarto de Oda, su hija menor, brotaba un horrible olor que la dejaba postrada, mirando sus cuadros como perdida en el tiempo. Pero lo que de verdad era amenazante era el idiota vecino lanzándome piedras, aunque fue allí, en una huida y después de correr sobre una decena de casas que le ve. Sus pelos eran como algodones, sus ojos azules.

Después de unos maullidos nerviosos nos sentamos a ver la luna. En la mañana fuimos al parque a comer del pasto, un remedio alucinante. Aquella gata me había demostrado que el éxito tenía dos clases de apetitos, pero muy dentro de mi reconocía que su hambre era otra. Halagos, adulaciones, caricias.

No regresé a la casa en tres días, pero Pablo, el hijo de mi dueña, fue por mí. Desde luego tenía que llevar una vida ejemplar, pero no podía ser la misma que él conocía. Encerrado comencé a quejarme con maullidos insoportables, oriné toda la casa, no tuvieron más remedio que volver a soltarme.

No había ido conscientemente, pero el destino tampoco podía ir eligiendo. Ella salió alegre, pero detrás le siguió el dueño que bajándose rascó mi espalda y me ofreció comida. En un costado, de repente vi un ratón, corrí y me desplegué en esprintada veloz para capturarle, al hacerlo no lo maté de inmediato, para presumir delante de ella.

Luego ambos preferimos el bocado de su amo.

Comimos, ella estaba de excelente humor, pero al corto tiempo me provino una náusea y desmayé. Al despertar estaba frente a un veterinario en una clínica para animales, cerca, mi familia preocupada.

Fue un envenenamiento fortuito, no volví a verla por más que trataba de hacerlos entender. Nadie comprendía mi solicitud.

Cerca, a un costado, un gato negro de gran tamaño paseaba una media dentro de su jaula, rememoraba algún apareamiento. Otra escondía sus crías en unos huecos improvisados.

Me llevaron de vuelta a la casa, me dieron alimento para gatos y me destinaron una pelota de goma para que todo el día me divirtiera. Mi cuerpo era un juguete, una textura aterciopelada la cual acariciar. Sus idiotas rostros me hacían muecas e imitaban con sus voces mi ronronear, yo tenía que parecer dócil y pasar por sus piernas acariciándolos.

De noche tenía que cazar algún roedor para que el jefe de la casa dejara la amenaza de matarme. Engordé en demasía de tanto dormir en un almohadón de plumas que me regalaron el día de mi cumpleaños. Al despertar solo recordaba el tejado, mi pasión nocturna prohibida, en donde podía ver tantas cosas. Desde una hermosa gata hasta una figura paranormal.

Animas desprendidas de los padres de mis amos. La muerte cuando venía por alguien de esta calle. En toda ocasión trataba de ahuyentarla por lo que hacíamos ruidos en conjunto. Los humanos solo pensaban en salir gritando para que nos calláramos.

Al fin y al cabo tendría que esperar, algún descuido llegaría para escapar y no regresar, mientras tanto seguiría robando de la cocina algo mas sabroso que aquel alimento químico que repugnaba.

Seguiría durmiendo en sus camas durante sus ausencias, mordiendo al bebé en la distracción.

Volvería al tejado, a esas noches donde no tenía que subir la cabeza para ver al mundo. Desde el suelo nuestra perspectiva es más vulnerable. Arriba tenemos las armas de nuestros misterios y nos volvemos peligrosos.



LA BRIGADA DE CHOQUE Y EL OFICIAL DE TABLERO

LA BRIGADA DE CHOQUE Y EL OFICIAL DE TABLERO



Ángel Rened




La brigada de choque, los oficinistas, los administrativos, los comerciales, los peones, soportan, padecen y conllevan el castigo, las críticas y los sinsabores de una empresa.
El oficial de tablero tiene una mirada global, rodeado de un mundo de estadísticas y de porcentajes no prevée los errores y los lados sesgados de sus elucubraciones.

La brigada de choque carga entonces con el sudor, el estrés, las críticas, los sinsabores, el lodo y la amargura.

La brigada de choque es sostén, soporte y barrera, frente de combate diario que soporta las lagunas de esos análisis de tablero.

El oficial de tablero, en su pensamiento global, estructurado entre objetivos económicos y productividades, de análisis de mercado y marketing corporativo, se aleja de los problemas que contrae la suciedad y el fango.

Tal vez el oficial de tablero ha de ser merecedor de las medallas, pero también la brigada de choque merece que alguien enjugue sus lágrimas.


domingo 18 de octubre de 2009

SI ACASO PIENSAS EN MI...

SI ACASO PIENSAS EN MI...



Jesús Failde González


Si acaso piensas en mi, te contaré cuando al anochecer lluvioso suelta sus sombras por el río, arrastrando lento su luz hacia el ocaso,cuando lo que queda del dia es ya demasiado poco para trabajar o jugar. Te sentarás solo en el balcón que da al sur y yo me pondré a cantarte en el cuarto oscuro. El olor de las hojas mojadas entrará por la ventana en el crepusculo creciente y los vientos tormentosos clamorean en los cocoteros.
Traerás la lámpara encendida al cuarto y entonces me iré yo y tú quiza entonces escucharás la noche y oirás mi canción. La alegría me da fuerza y energía, estar siempre alegre me hace feliz. Sonrío,regalo la esencia de la vida al respirar. ¿Dónde está la realidad?, lo que vez es real o irreal y lo que no vez es irreal o real. Solo en ti está el encontrar en cada minuto lo que tú creas real o irreal y asi será cada minuto de tu vida.

Sufrimos por atender a falsas necesidades y es más fácil curar el dolor que el sufrimiento. Lloramos cuando sufrimos por necesidades básicas o la pérdida de un ser querido. ¿Muerte?, el inconsciente cree que no se muere nunca. ¿Cómo podría no ir al cielo la paloma?. ¿Cómo no dejarse acariciar por el aire?.¿Cómo impedir quedarse prendado de la luz?. Una vez iba caminando, cuando de repente un pensamiento me arrebató del camino, otro me llevó lejos y otro me trajo al sitio y entre uno y otro me di cuenta que no estaba entre ellos….

Voy arrastrando, me dejo llevar…¡es tan bonito!, soy como un niño esperando algo a la vuelta de la esquina,jugando con canicas horas y horas,sin tiempo de comida, trabajo o estudios. Soy la vida que se vive a sí misma riéndose de las normas, pájaro volando hacia el horizonte. ¿Qué espero, no sé, qué importa?....Aquí, ahora, feliz y contigo.

No entregues tu alma a la tristeza, ni te atormentes a ti mismo con tus cavilaciones. La alegría del corazón es la vida del hombre, el regocijo del varón y de la hembra, prolongación de sus días en esta tierra. Engaña tu alma y consuela tu corazón, echa lejos de ti la tristeza, perdió a muchos y no hay en ella utilidad. Envidia y malhumor los días acortan, las preocupaciones traen la vejez antes de tiempo. Un corazón radiante vive y en las comidas solo se preocupa de lo que come. (Del Eclesiástico).

Es duro ser como los otros, estar entre los otros y ser otro, sostener a los débiles sin poder apoyarse uno mismo en otro/a. Ser antes que tener, ofrecer lo que se es mejor que dar lo que se tiene. La fé, no es una adquisición, sino una llamada, no es una seguridad sino un riesgo, no es un consuelo sino una aventura. No descansamos en la fé, en ella nos exponemos.

INSOMNE LUMBRE

INSOMNE LUMBRE



Pablo Mora


"Que cada palabra lleve lo que dice".
Rafael Cadenas
Expresar asombros y nochuras. Enterrar la muerte. Inventar la vida. Abrirle los postigos a la noche. Cerrar los ojos a la luna. Dar con el árbol del primer camino. Con la vereda que nos vio salir. Tomarle el pulso al hambre. Saber del diapasón del pobre. De las creencias de Dios y sus costumbres. De los rituales del viento y sus cofrades. De la imagen horrenda del futuro. De la luciérnaga y su antiguo enigma. Saber de la escritura de las piedras. De la alta transparencia de los mudos. Del colosal silencio de los grillos.

Tantearle a los sueños sus luceros. Conocer las entrañas de las hojas. El corazón del bosque y sus vitrales. El páramo, sus cuitas y plegarias. Desenterrar el misterio de la rosa. Ahuyentar la sombra y sus reveses. Escapar del ladrido de la calle. Del hosco muñón del peregrino. Del puñal que en la acera nos espera. O del barco que acecha nuestras costas. Dar con el ámbar del primer arroyo. Traspapelar la terquedad del lunes. Aullar juntos delante de los cielos. Escucharle al pobre su alarido. Compartir esperanzas con el árbol. Esperar a que baile el arcoiris.

Sabernos vivos todavía bajo el granado trigal de la noche insomne. Registrar ventoleras, arrebatos y miserias. Expulsar el despojo mutilado. Ser libres así el fuego nos cercene. Quitar algunas comas al crepúsculo. Ver la noche sin que nadie contradiga.

Morir de pie a pesar de los milagros. Eludir la risa ensangrentada. Salvar la luz, sin la cual la tierra gemiría de espanto. Dar con una migaja de soledad marina. Con el grano de arena que a las costas de la divina antigüedad nos ata.

Atravesar, siempre a la intemperie, incertidumbres, agonías, interrogantes y tragedias. Dar forma al vacío de modo que éste sea posible; ojos al poema para que pueda cruzar la calle; alas a Dios para que pueda llegar al hombre.

Robarle sin que sepa una sonrisa al sol en la arboleda. Mirar el cielo solamente en el momento necesario. Cruzar, no la aurora, sino el alma en que ampara su soñar. Ventilar, aupar, asolear la eternidad cada día. Verse en el cielo gris, en la trémula víspera del júbilo. Escuchar a la soledad y dirigirle la palabra. Llegar con los ojos abiertos a la mirada final.

A punta de hombre, tempestad y grito. Por obra y gracia del asombro a secas. Por el relámpago final del hambre. Por la luciérnaga y su insomne lumbre. Contar con la vigilia para el día. Con porvenir para fraguar enigmas. Defender el milagro de la vida. La fogata que lleve al alumbraje. A tiro limpio, la bondad del hombre.

miércoles 14 de octubre de 2009

EL JAVERIANO

EL JAVERIANO



Andrés Scout

Hola, soy yo, el más triple, triple, triple papito del mundo entero, el más papasito y más buen mozo y atractivo, nadie me supera en el mundo, ni siquiera Ricky Martin que me queda en pañales. Como ven soy único, original, diferente, "o sea", soy el más tumbalocas de la Javeriana. Me he levantado monas, rubias, morenas, solteras, casadas, viudas y divorciadas, a todas les hice la vuelta y las he dejado botadas, el rango de edad con las mujeres es desde los 15 hasta los 50, (ya les cabe doblado a todas sin discriminación) y mi fama de macho ya la conoce media Bogotá.
Pues sí, como ven soy todo un varón, un hombrazo y ninguna mujer puede decir que no la he hecho felíz. Para que vean lo papasito que soy y provocar que las mujeres se derritan y a los hombres les de envidia me voy a describir: Soy macancán, alto, rubio, con pecho e´chancleta, nariz de chulo, frente panelera y barriga de camionero o como yo le digo barriga pocholera porque es mi orgullo; y tengo un culo de nadador profesional "o sea" nada por delante y nada por detrás, ¿si ven?, soy todo un papasito, eso si ni "gran coima vandame" me gana, o sea, !soy divino!.

Bueno no vine a hablarles de mi sino de mi vida: Resulta y acontece que me encontraba estudiando dizque psicología en la Javeriana, esa universidad en la que la carrera más difícil de pasar es la séptima y en la que de cariño nos llaman javeasnos pero no sé por qué. Voy en octavo semestre y me va muy bien, tengo una novia que esta buena, es muy linda y algo "inteligente" así como las de la Javeriana, por el estilo, igualita.

Ahora sí a lo que vinimos. Mi problema, mi problema es muy sencillo, se los voy a contar: Usted, sí, usted, no se haga el pendejo, usted que es estudiante le debe pasar lo mismo que a mí. ¿Que qué es lo qué me pasa?. Pues imagínese usted, encontrarse a los veinticuatro años, a mitad de carrera universitaria, pagando carísimo, decepcionado de la vida, sus padres divorciados, su arrejuntada con un vago profesional mediocre y sin empleo, alcohólico, que quiere suicidarse, pero no lo hace porque no tiene berraquera, su papá con cinco chinos, separado cuatro veces, vive amargado y solo sirven para dar plata, (nada más creen que con plata se soluciona todo).

Que no se sabe en la vida para dónde ir, que ya ha empezado varias carreras y termina saliéndose en la mitad de la carrera sin hacer nada, con unos amigotes que solo sirven para hablar del carro de la novia y de la última moda y que además meten droga, se inyectan cuanta porquería se les pasa por el frente y que solo esperan que pase alguna vieja buena para acostarse con ella.

Además, siento asco en mi propia carrera y veo que los profesores de psicología están más locos que yo, Yurimarlady "o sea" mi novia, es una "perra" y solo piensa en sexo, en la rumba del viernes, en los viajes, en los paseos fuera del país, sólo le interesa echar chisme con sus amigas y eso no es todo.

La relación entre mis hermanos es muy distante y ni siquiera nos saludamos, pero bueno, qué se puede hacer, uno no decide dónde quiere vivir o nacer o qué familia quisiera tener y como dice San Felipe Neri "sean buenos, sean buenos si pueden". Porque es más fácil ser malo que bueno. "Eso" es mi vida.

Es una ciudad que está llena de gente que no se conoce, gente que corre por que no tiene tiempo ni para correr, gente a la que le importa más el dinero que amar o escuchar y menos le importa servir y si llegan alguna vez a servir es con algún interés. ¿Quieren que les diga la verdad de esta vida?.... nadie hace algo por alguien gratis. Siempre es por un interés... hasta Dios, ese man que no quiero que ni me lo nombren, porque yo he sufrido mucho, ¿dizque bueno y bondadoso?, pero mírelo ¿dónde está?, nos pone en esta vida para sufrir.

Me encontraba en mi cuarto, en la casa como siempre no había nadie, me acababa de tirar el semestre, mi novia se fue con otro y los "amigos" no estaban y los que estaban no les importaban mis problemas, entonces decidí acabar con esta vida tan cruel y matarme, empecé a buscar con qué acabar con mi miserable vida y no encontraba nada, si iba a matarme lo haría de forma original. No como esos babosos que se pegan un tiro, estilo telenovela mexicana, tenía que ser una muerte original, eso sí que no adivinan que encontré, encontré un arma eficaz y mortal: "racumin".

¡Claro no haberlo pensado antes!, moriría como una rata, rata negra y asquerosa como lo que soy. En un vaso lleno de agua, eché el "racumín", lo cogí con la mano derecha y diciendo en voz alta "la humanidad ha perdido a un gran hombre", me lo mandé de un totazo, enseguida sentí como bajaba por mi cuello y como me quemaba, empecé a ver luces de todos tipos y de todos los colores, caí de repente en el suelo, empezaba a retorcerme, pero en ese momento entró mi hermano, yo me encontraba en el suelo convulsionando, él sin pensarlo me alzó y me subió al carro, me llevó a la clínica más cercana. Yo solo veía alucinaciones en las que una mujer vestida de blanco y azul me acariciaba con sus manos tibias la cabeza y me decía: "Tranquilo, tranquilo, no estas solo, tranquilo, nada te va a pasar".

Cuando me desperté habían pasado tres días, me encontraba en una cama y estaba con suero, no me había muerto y seguía pensando: "Qué lastima que no me maté, ¡Ah, la próxima será!", y sólo me acordaba de esa señora vestida de blanco y azul, sus tibias manos pasando por mi cabeza. Aún despierto seguía sintiendo esa misma protección, duré una semana en la clínica y durante este tiempo solo me fue a visitar mi mamá. Iba únicamente a regañarme, y a recriminarme: ¿Por qué lo hizo? ¿qué le ha faltado?. Yo me quedaba en silencio.

Cuando me recuperé por completo volví a la universidad, pero nadie sabía nada de lo que me había sucedido, que raro, claro, es por el qué dirán y como quedará la imagen de la universidad. Solamente un profesor que es muy loco y es sacerdote Jesuita, nos pusimos a hablar de lo que me pasó, pues solo él lo sabía porque es muy buen amigo de mi mamá, por medio de él y sus charlas que eran muy locas y muy chistosas entendí muchas cosas, entendía en ese momento que uno no está aquí de paseo, que la vida no da garantías, pero que no importa los miles de problemas si a cambio hay una sola alegría, vale la pena hacer ese trato o díganme: ¿a ustedes les gustaría estar todo el día sonriendo y a carcajadas como si un payaso se los hubiera comido? ¡que hartera! ¿dónde quedaría la felicidad?, se necesita de los problemas y de la felicidad para vivir y no aburrirse.

La felicidad está en uno mismo, en lo que haga para conseguirla, la felicidad está en Dios, después de pelear con esa man me di cuenta que todo lo que hace es por nuestro bien, pero es muy difícil de aprender, de vez en cuando tengo discusiones con El pero son de esas peleas de novios que siempre terminan juntos.

Me hizo y me hice una persona más humilde, más sencilla, que disfruta de las cosas sencillas aunque parezcan simples, si miras bien, la felicidad que te ofrecen es muy inmensa. De esa señora vestida de blanco y azul no se volvió a aparecer, es que ella no se aparece a pecadores como yo.

Ahora tengo una novia que no tiene ni plata ni tampoco es muy bonita ni está buena, pero por dentro es maravillosa, hermosa, me comprende, en cuanto a mi familia estoy tratando de hacerlos conscientes de cómo están, que si quieren sean felices a través del amor de papá Dios, de la sencillez. Pero con hechos, no con sermones, ni carretazos baratos sobre Dios. Solo amando todo se hace más sencillo y es mejor, del cura les cuento que en este momento es mi guía espiritual, me ha ayudado mucho.

Yo seguí estudiando psicología porque me di cuenta que es lo mío que por medio de esa profesión puedo ayudar a mucha gente y superar muchos problemas míos y de mi familia porque sirviendo es como uno se realiza y amando es como se hace feliz.

Nota: La razón y la fe es una misma cosa, si no las puedes unir nunca serás sabio.

LOS MOMENTOS MAS TORPES

LOS MOMENTOS MAS TORPES



Ana Arrese


Oigo cantar al vecino en la ducha. Luego toserá ruidosamente. Es mi despertador.
Intento encender la luz y lanzo la lámpara de noche que se hace añicos contra el suelo.

Huyo hacia la cocina para tomar mi primer café.

Me golpeo contra la puerta y salgo disparada hacia la repisa. Bién: el café me queda a mano. Ni siquiera lo caliento. Así, frío, fuerte y que despierte.

Y ... un cigarrito ¡cómo no! ... me siento culpable, pero aún así trato de encenderlo con la taza de café.

No, no. Será mejor buscar un mechero. A ver. No encuentro el encendedor.

Prendo uno de los fuegos de la cocina y acerco el pitillo.

Lo enciendo -¡maldita sea! - me chamusco el flequillo, las pestañas y la punta de la nariz.

No pasa nada, tranquila, sosiégate: el flequillo necesitaba un buen repaso, las pestañas se arreglan con rimel y la nariz con ungüento de aloe.

Otro café y de un trago.

Corro hacia el cuarto de baño y susto: alguien en el pasillo.

Sin importancia, es la asistenta que ha llegado.

La saludo.

No responde.

¿Qué le pasa a esta mujer ahora?.

- Buenos días.

Sigue muda mirándome desconsolada.

- Bue-nos-di-as.

Oigo un voz ahogada:
- Estás en cueros.

Me miro. Es cierto.

- Vale, vale. Todos estamos en cueros alguna vez en la vida ¿no?.

Me ducho entre malabarismos de geles y saltos.

Al lavarme los dientes me cepillo la lengua con fuerza. Vomito el café.

-Armenuhie, hazme, por favor, un desayuno en condiciones-, grito entre lagrimones.

¿Qué me pongo, hoy? esta falda , no; este pantalón, no. Me vestiré mas tarde.

Me ciño una bata para desayunar tranquila.

Desayuno en el despacho, leyendo las "news-on-line".

Guerras, guerras, sucesos, chistes, mas guerras ya olvidadas... siempre lo mismo.

Abro unos audio-videos para repasar antes de entregarlos, siempre hay algo que corregir en el último momento.

Llaman por teléfono.

Se me cae el teléfono desplomándose en la alfombra.
- ¿Siiihii? -me atraganto-.
- ¿Voy o vienes?.
- ¿Cómo dice?

Silencio
- ¿Quién llama?

Silencio.

Cuelgan.

Armenuhie entra en la habitación.
- ¿Te pasa algo?
- No lo sé. ¿Por qué lo dices?
- Estás paralizada, con cara de esfinge, el teléfono descolgado en el suelo, llevas la bata chorreando café, mantequilla, mermerlada y tienes una teta fuera. ¿Te han contratado para algún casting?
- No. De momento, no. Arregla mi dormitorio lo primero.
- ¿Te sientes enferma?
- No. Mucho peor. Me siento torpe. Vuelvo a la cama en cinco minutos.